1984, George Orwell

1984 es una novela romántica. Los géneros suelen rebelarse contra su autor, sobre todo cuando se trata de una obra maestra
orwell_1984.jpg

Leí 1984 a los veinte años, en 1995. Recuerdo mal la novela. Mientras leía pensaba constantemente en la época en que fue escrita (1947-48). Leía una novela de ficción política ambientada en los años ochenta (que ya habían pasado), escrita en los años cuarenta (que ya habían pasado) mientras España disfrutaba de la resaca de las Olimpiadas de Barcelona (que ya habían pasado). La resaca de Barcelona dura aún. Los recuerdos son extraños y empiezo a pensar que forman parte del mismo tegumento que recubre los sueños. Recordar y soñar empiezan a ser sinónimos. Todo ha ido pasando bajo profecías que no se han cumplido o se han cumplido y no nos hemos dado cuenta.

1984 es una novela romántica. Los géneros suelen rebelarse contra su autor, sobre todo cuando se trata de una obra maestra. Cervantes creyó escribir una novela de caballerías y Nabokov una novela erótica (ojo con el atrevimiento: empecé esta reseña con una segunda frase frívola y desmañada: “Recuerdo mal la novela”; aun así puedo decir que se trata de una obra maestra). El amor es una cosa de ciencia ficción y nos han vendido que enamorarse consiste en vivir la mayor aventura de tu vida: es mentira, 1984 lo demuestra.

Cuando leí 1984 yo quería enamorarme, pero quería hacerlo de una manera original, única, inimitable. Empezaba a pensar que el amor era esa cosa que siempre le pasaba a otro. En realidad pensaba que la vida era algo que siempre le pasaba a otro y yo debía conformarme con leerlo en los libros. En 1995 yo estaba solo, vivía con mis padres y disfrutaba de una vida de pequeñoburgués acomodado (no trabajaba, no estudiaba), un pequeño burgués en bancarrota que no salía de casa o salía más bien poco. El caso es que soñaba con enamorarme de alguna chica que se llamara Julia y luego renunciar a ella. En la novela hay un momento culminante en el que el amor queda postulado como mero artificio, se trata del momento en el que cierto personaje acepta que no sería capaz de morir por amor.

De los cuatro Ministerios que inventa Orwell me quedo con el Ministerio del Amor; nunca una metáfora se acercó tanto a la verdad: en el Ministerio del Amor se castiga, se tortura y se educa; ni una sola palabra acerca de ese sentimiento que parece haber inventado Hollywood, ni una sola palabra en torno a la ternura. Nada. El Ministerio del Amor vela por que el objeto amado de los ciudadanos del Estado no sea otro que El Gran Hermano.

1984 también anticipa el mundo que nos rodea ahora, y de esto ya han hablado mucho otros, aunque no está de más recordar que cuando enciendes tu ordenador no estás solo; alguien, algo recopila datos y luego te los escupe seleccionando la publicidad que más se parezca a las búsquedas que hiciste en Google; alguien, algo lee tus mails en busca de pistas que conduzcan al terrorista, al ladrón, al estafador. Internet es el Gran Hermano, la profecía de George Orwell se ha cumplido y no hemos sufrido el advenimiento del fin del mundo. Esto demuestra que las profecías nunca están a la altura de los acontecimientos, siempre andan mucho más arriba.

1.984 fue para mis veinte años la primera novela rosa de mi educación sentimental, luego vendrían otras. Uno encuentra en los libros siempre lo que busca, será por eso que Lichtenberg dijo que un libro es un espejo.